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ARENA COLISEO, LA GENUINA CASA DEL BOXEO -Sus triunfos – sus muertes

25 marzo, 2013

2ª de 7, rumbo al 70 aniversario del “Embudo de Perú 77”

OSCAR ESPINOZA(REGENTE DEL DF)_DURANTE REUNIÓN DE BOXEADORES EN 1996

OSCAR ESPINOZA(REGENTE DEL DF) DURANTE REUNIÓN DE BOXEADORES EN 1996

“Las autoridades del Distrito Federa deberían señalarlo como edificio histórico de la nación, esperando que no se repita el crimen cometido con la destrucción de la famosísima plaza de toros el Toreo (de Cuatro Caminos)”, escribió alguna vez José Sulaimán, presidente del Consejo Mundial de Boxeo, refiriéndose a la Arena Coliseo, templo que un peleador mexicano debía pisar para decirse verdadero boxeador.

Inspirado en el mítico Olympic Auditorium de Los Ángeles, al arquitecto Francisco Bullman construyó con la Arena Coliseo un local de perfecta visibilidad desde cualquier punto en que se esté, ya sean las aun originales butacas de ring general, balcón, gradas o gradas altas, aquellas que invitan al prodigioso vértigo.

Fue el 01 de mayo de aquel 1943 cuando se presentó por primera vez en la Arena Coliseo una función de box, deporte ya con amplia tradición en los sectores populares y que desde su nacimiento fue visto como salvaje por las clases acomodadas que gustaban de otro tipo de entretenimiento. Pero el boxeo era del pueblo, incluso en 1933 la oferta de este deporte en la capital mexicana estaba saturada de eventos presentados en escenario precarios.

PIPINO CUEVAS_KIDD AZTECA_DURANTE REUNIÓN DE BOXEADORES EN 1996

PIPINO CUEVAS_KIDD AZTECA DURANTE REUNIÓN DE BOXEADORES EN 1996

Aquella primera función fue estelarizada por el duelo entre el campeón nacional gallo Ernesto Aguilar y Leonardo López, pero las crónicas afirman que quienes se llevaron la noche fueron los novatos Enrique Cardoso y el llamado “Pancho Villa”. El primero ganó por  nocaut en el séptimo asalto.

El “embudo de la Lagunilla” se convirtió por mucho tiempo en el lugar donde los campeones del barrio se convertían en ídolos nacionales.  Las funciones de lunes eran dedicadas a los jóvenes que querían mostrar “patas para gallo” en el deporte de los guantes, así el “Púas” Olivares ganó los anhelados Guantes de Oro en la categoría de peso gallo siendo este el inicio de la leyenda de uno de los pugilistas más pintorescos de que se tenga memoria.

Nombres y hombres como José Medel, Mantequilla Nápoles, Vicente Zaldívar, Toluco López, Pajarito Moreno, Cuyo Hernández, El Chango Casanova, Carlos Zárate, Lupe Pintor, Alexis Argüello, Alfonso Zamora, Ricardo López, Pipino Cuevas, Kidd Azteca y la Chiquita González, entre muchos otros, se forjaron en el cuadrilátero de la Coliseo, ese local era para obligada. Incluso Julio Cesar Chávez se presentó en su etapa amateur, pero quien se robó el corazón de los aficionados fue Raúl el “Ratón” Macías., nadie fue como él. Los tradicionales sábados de boxeo eran la cúspide, la vitrina más importante para los peleadores que pronto encontrarían el estrellato mundial. Tal importancia tuvieron aquellas veladas de adrenalina que no por nada Televisa las transmitió por 47 años consecutivos.

Pero la gloria de unos también ha sido la desgracia de otros. El celoso cuadrilátero de la Coliseo ha cobrado vidas, una de ellas ocurrió el 21 de marzo de 1946, cuando el joven Fernando Mendoza perdió la vida ante Guillermo Ramos. Era el segundo raund cuando ya no respondió, cayó en la lona y nunca volvería a despertar, los intentos por reanimarlo fueron inútiles.

Otra vida que terminó en ese cuadrilátero no la arrancaron los golpes, sino una bala. Era el 14 de mayo de 1983, ante el triunfo de Jaime “Conejo” Casas sobre “Cuyo” Hernández, el manager conocido como el “Tío” Jiménez subió a celebrar el triunfo de su peleador cuando un disparo cortó la felicidad y terminó con la existencia del preparador. Nadie supo quien fue el autor del crimen, en vano fue el anuncio que se dio en la arena ofreciendo una recompensa de 100 mil pesos para quien denunciara al homicida.

La lucha libre verdad no se ha escapado de trágicos sucesos en la Arena Coliseo, el primero en caer fue Sangre India la navidad de 1979, “era un buen muchacho, con mucho futuro”, decía Daniel López “El Satánico”; el segundo fallecido fue Oro, la más grande promesa de los encordados a principio de los 90. Sus últimas acciones fueron contra Kahoz, un machetazo y su caída a la lona serían el acabose, rodó hacia su esquina, trató de incorporarse… pero se desvaneció. El 26 de octubre de 1993 la vida de Oro se apagó y la de Kahoz jamás volvió a ser la misma. Nadie soporta que en las calles y en la arena le griten ¡Asesino!

Se dice que los espíritus de estos deportistas rondan el coso de la Lagunilla, pero todo queda en leyenda. Los único cierto es que ese escenario es celoso y ha cobrado tributo, que boxeadores y luchadores han muerto, como muertas están las peleas de box que en su momento congregaron a María Félix, Jorge Negrete, Pedro Infante, Miguel Alemán y decenas de glamurosas personalidades de la época. La que no muere es la Coliseo, aunque muchos se empeñaron hace no mucho en afirmar lo contrario.

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